Ni los buenos son tan buenos, ni los malos son tan malos.
El tipo era como una aparición, cuando habló el tiempo se detuvo y su voz, ronca y tranquila, como si no la hubiese utilizado en mucho tiempo, por fin dijo:
- La decepción, a veces, puede parecer que no tiene límite.
El ciudadano de a pie, muy risueño él, contestó velozmente:
- La amistad tampoco, en ocasiones, parece tener límite. Eso no justifica que deba perdonar. El dolor puede estar implicado en cualquier tipo de relación entre amigos, cierto. Cuando yo firmé no pensé que me sangrara la herida del puñal que fue impulsado por su mano. Pensé más bien en cuidarnos de dolores causados por puñales ajenos.
- Eso no es amistad. Huye y sigue buscando- dijo el tipo, sereno.
- Tal vez no lo sea. Pero el que esté libre de pecado que tire la primera piedra. Le perdonaré, no se firmará con dos palabras, ni si quiera con un apretón de manos. Lo firmará el tiempo, es más sabio que yo.
Y el aparecido se fue como había llegado, decepcionado, con el corazón muy grande y la agenda telefónica muy pequeña. Con nadie con quien probar su gran moral. Con su espejo, espejito… Con su espejito-especula.
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viernes, 4 de junio de 2010
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